martes, 1 de octubre de 2013

Y la muchacha vuelve a escalar el viento

Hay maneras de llorar más suaves. El  mismo día, un año atrás me escondí en la noche sola, fria, y arruge la nariz contra mis brazos esprando verte salir por la puerta aunque sea a charlar para que se me escondiera el eclipse que llevaba en la garganta.
Hoy, la misma noche que ese dia, me siento con la taza de té y unas hojas a escribir. Las palabras no salen de la manera en que me gustaría y por eso sé que nada de está angustia tiene un lado bueno.
Estúpida. Hubieses pensado y pensaste, quizás.
No puedo evitar tanto dolor en el pecho y  también me grito lo mismo.
Caeré en el abismo una noche, después de tantos esquives, caeré?
Sólo quiero cerrar los ojos hasta que la luz me encuentro sola, fria y todavía viva.
Desearía sin embargo, que estuvieras acá aunque sea hablandome de cualquier cosa.
Las palabras quizás, no se cerrarían en ese persdistente nudillo.
Quién sabe quizás sólo se trate de sobrevivir al ahogo. Que llega sin previo aviso, que temo, que duele. Que no quiero sentir pero sin embargo siento cerca como hace tanto no lo sentía. Que me asuataba en grandes dimensiones antes y ¿ahora? Creo que no puedo llorar. Creo que no quiero sentir. Pero estoy cansada muy cansada.
Quizás mañana sobreviví.
Quizás nunca comenzará de nuevo si paro acá y descanso. No sé sabe.
Nada sé. Sólo quiero escuchar tu risa y reirme.
Solo sé que no quiero sentir un dolor... así, en mi vida, nunca más.
Quizás es menos que eso y mi cabeza delira, quire volverme loca.
Sólo estoy cansada, quiero verte sonreir y también, salvarme de cualquier abismo que amenaze con tirarme al piso.