No quiero hablar de dolor pero hoy, hoy lo hice. La gente odia escucharlo, como odia la verdad, como odia la muerte. El dolor. Real y letal. Le conté mi certeza: he estado durante un tiempo intentando no oir el susurro y cuando me di cuenta, lo tenía agarrandome del cuello. Mis agallas crecieron desde que comencé a sentir rechazo hacia él pero cuando lo miré a los ojos, frente a frente, lloré como una niña a los pies de ella mientras me sobaba la espalda. Y ahora, a las 3 de la mañana sólo recuerdo la ternura y ya no todo el dolor. Mis ojos hinchados pero mis manos ya no temblorosas. Los espasmos de esa tormenta que de alguna forma tenía que salir.
Y no sé porqué.
El porqué de nada si me preguntas.
La miré a los ojos con cariño y le dije 'tengo la creencia que esta intentando salir porque pedí que lo hiciera, que me dejara de una vez porque durante tantos años he sido su casa. No me dolia siempre o no me dolia exageradamente, pero esta ahí, haciendome sombra, acariciandome la espalda, susurrandome para dormir dias enteros con su magia. Ha decidido por mí y ha echo de mí lo que quería. Si te fijas detenidamente, a veces me tomaba las manos para que no hiciera, a veces me engullia el cerebro así sin más y yo fui entonces, solo miedos. Hubo días incluso en que lo acababa por dejarme sin palabras, hubo noches enteras que me relato las mil y un razones por las que yo no podía. Él no podía amarme, de ninguna forma. Yo no era suficiente. Esa, llena de ojeras, delgada, fea y desequilibrada cada vez más torpe, cada vez menos gracia, cada vez... más miedos. Dejé de creer en mí y también en él, pero no se lo dije. Nunca le dije que había noches en que estaba sola pero no estaba sola. Mi soledad, la que tanto reclamaba a los vientos como un derecho universal, había sido ultrajada por una pequeña sombra atrás del espejo que hacía 5 años iba y volvía, así, como quien llega de visita. Le conté el principio y el pasado pero no le conté porque me fui. Me fui porque tenía miedo, le hubiese dicho, mirandolo a los ojos, pero nunca fui capaz de contarle mis miedos sino superficialmente porque tenia el presentimiento de que estos como a mí le asustarían. O más bien, porque mi vulnerabilidad, solo mia, era un secreto que sólo quería compartir cuando se fuera. Luego me hice vulnerable a él, pero de una forma distinta. Y después, me fui con todos mis demonios unos días.
Nunca se me ocurrió decirle, porque tenía la esperanza de que eran solo pequeños espasmos del ayer, hasta que tuve consciencia de que estaba arrasando contra mí, contra él, contra todo el que me tocara el alma, podrida. Y acepté que si, que sí, que me dolía, que me ardía la herida que creia cerrada, que esa herida no me dejaba hacer, ni comenzar, ni construir. Y por eso lo miro y le pido disculpas con los ojos. Le sonrio con ternura, pero no puedo decirle que me salve, simplemente espero que me comprenda, sin decirle nada, sin explicaciones ni manifestaciones, ojalá se quede, estoy pensando y me doy cuenta porque comencé hablando del dolor y ahora hablo de él.
El dolor, por tantas razones, me ha echo ser total y realmente lo que nadie quiere. Ausencia, desesperanza, odio, lástima, y más. Pero estoy sentada escuchando jazz y pensando que quizás si, quizás si me golpeo para sacudirme, para destrozarme y para vaciarme, pero también para irse.
Y esa certeza la saque de quien me seco las lagrimas, de a quien mire a los ojos y le pedi que me agarrara la mano y no me soltara. Y la saque una noche cuando el me abrazo y se me fueron los miedos.
Y ahí me salvaron pero ojalá yo pueda salvarme a mi misma y ojalá esta vez de una buena vez por todas.
El amor salva, pienso, no anhelando su amor, sino el mio.
Sé que tengo fuerza, me lo repito cada día, sé también que no hay justicia en todo lo que siento cuando me desplomo, sin embargo, voy a seguir caminando aunque sea despacito hasta que los miedos dejen de seguirme los pasos.
No importa las veces que tenga que repetirlo, estoy del lado de la vida, aunque la muerte me seduzca, prefiero el amor, cualquier forma de amor, aunque este tropezando con el odio por andar de la mano del aburrimiendo, del astío, por dejar que la oscuridad tomara ventaja. Esa es la razón, razón a todo.
Y tengo razones suficientes para abrazarme a la vida.