lunes, 7 de octubre de 2013

Abril , octubre.


En un sueño, te dije la verdad: cuando uno no tiene a quién gritarle las cosas, se las arregla. Y mi manera de arreglarmela es esconderlo todo, todo, todo hasta que algo se cae del montoncito por descuido y tira todo lo demás. Y me desplomó junto con el montón. Y a veces, últimamente no. Y hace unos dias si. 
Alguien me preguntó después porque habia sido tanto lo que sentía. Y la verdad que siempre siento mucho pero, por lo demás, siempre he guardado todo. 
Y ya no tengo con quien apalear los fantasmas. Y es una manera indiferente de decir que después de que se me cayó todo al piso, estuve destrozada como quién no puede despertarse dos días después de un accidente. 
Tan drástico fue el accidente, porque si, fue un accidente. En el momento en que juzgaste mi reacción de indiferencia una de las paredes se cayó y te deje ver la otra cara. ¿Fue peor? 
La otra cara, la verdadera, habia construido paredes de colores y montones se apilaban firmemente por sus alrededores- Se había acostumbrado y las vivía y le gustaban. 
No sé si fue peor. Una pared cayó y te dije la verdad: ya no sé que más hacer conmigo. Te dije. Ya no sé como manejar las cosas. Te lancé la verdad, pero muy en el fondo era una verdad que vos no entendías porque de la forma en que te la decía no era de la forma en la que la sentía. 
Y toqué lo profundo con las manos, las paredes con los dedos. Los montones apilados se ladearon y los empujé. Y me desplomé con la verdad en los labios en el momento en que te dije que estaba haciendo las cosas mal. 
¿Eso también estuvo mal? 
No sé porque, verdaderamente la dejé caer frente a vos. Vos no sos en quién confiar ni yo podía ni quería confiar en nadie. Después de todo, cuando perdí a la persona que me sacaba de los albios la verdad con una sonrisa, me había cerrado a esa otra verdad. A la gente le importa un carajo lo que uno siente. 
Y el error fue el mar de lagrimas en el que nadaba y del que no podía escapar momentos después. 
Eso estuvo realmente mal, quizás. Muy mal.
La persona que habia conocido de mí odiaba a esa persona que cada tanto lloraba un poco, pero muy en el fondo ella seguía siendo un poco yo y yo seguía siendo un poco ella. 
Y me juzgaba por ello cada mañana en la que no me podía levantar de la cama después, como justo después de ese mar que hace bastante no aparecía en mi vida. Y me juzgaban también por lo mismo. 
Y me dolía, aunque ya no parezca, duele también que te vean llorar como condenada a punto de un ataque de pánico, que te lo recuerden, que te teman y que crean tantas cosas que están tan cerca de la locura como la locura misma que creen que sos.
 Te pedi, en un sueño, mientras corria por vos, que te asomarás a mi vida cada vez que esta niña me tiraba todo lo que había construido por meses para hacer berinche, no sin dolor, y me mantuvieras riendo. No estoy segura de cuanto me equivoco. sé que esas paredes me estorbaban. Y esas lagrimas me jodieron. Y mis ojos se quejan cada vez que pasa. Sé que no quiero ese terremoto cada vez que viene y se va. Y que no quiero tampoco tener que explotar y mandar todo a la mierda, incluso a los que nada tienen que ver conmigo. 
Siempre sé cuando algo esta mal y ahora simplemente no lo sé. 
Sé que hay paredes desplomadas que quizás vuelva a construir, montones desordenados a mi alrededor, después de que todo está indiscutiblemente calmo. Sé que no quise que venga pero sin embargo habia un montón que estaba apunto de caerse solo. 
Sé que no es la forma, cada tanto habrá explosiónes y no creo poder soportarlas. 
Lo que ellos no saben son tantas cosas, son mis secretos y mis dudas. Mis angustias, mis miedos, mis inseguridades. 
Grito más en silencio que cuando están ellos. Grito. 
Vos sabías calmarme y mis gritos se calmaban antes de convertirme en un atacante a mi misma. 
Tengo con quién hablar pero sin embargo me callo hasta los miedos más superficiales. Hasta las dudas más estúpidas.
No sé lo que es peor, lo que es mejor, lo que me hace mal y lo que me hace bien. aunque quizás muy en el fondo, como todo, lo sé. 
Sé perfectamente que no quiero ser ese montón de llanto acurrucada en una esquina suplicando que pasen los temblores sin poder ver desde sus propios ojos por el hinchazon en ellos.