martes, 29 de octubre de 2013

The tourist -

Estaba acostada abajo de ese árbol mirando las hojas mezclarse con el sol. Sus ojos parecían mirar la nada, pero lo miraba todo. Se sentía, sin embargo la ausencia de habladurías de las personas que pasaban día a día por los alrededores, riendo exageradamente y también, gritando eufóricamente.
El sol bajaba de a poco, tiñendo el cielo de un rojo tenue. Me paré a mirarla, tenía los ojos apretados y como si me viera los abrió asustada y me vió. Por la sorpresa o como siempre no supe que decir.
Tenía ese efecto en mí. Nos mirábamos tan desesperadamente como ya alguna vez había sucedido, sin decir una palabra, casi enojados. Pensé.
¿Que pensará?
No había nadie a quién pudiera buscar para excusarme. No había ninguna broma que pudiera utilizar a mi favor. Me tembló la voz.
-Que raro encontrarte.- Solo dijo, sentándose contra el árbol. Sonaba más segura, más madura pero aún la veía como siempre, vergonzosa. Quizás porque ya no sabía quién era y quería creer que era la misma. Había leído sobre ella la última vez y sus cambios. 'Cambiamos día a día porque elegimos cambiar y porque cada situación nos cambia. Somos una metamorfosis.' escribió. Y tenía razón.
La veía bella. Tan bella que me daba miedo mirarla demasiado y que sepa que estoy pensando en cuando hermosa se veía. Una vez la había mirado por tanto tiempo que ella, después de un rato, se apartó incomoda y luego sonrió. También me había parecido bella en ese entonces, pero fue hace mucho. Ahora ella tenía el cuerpo de una mujer: delgada pero con curvas. Llevaba una falda corta y sus piernas formaban un largo trazo recto y no hacia el intento de cubrirse, como antes, como si no notara lo bella que es. Como si sintiera miedo a... La pregunta que siempre quise hacer ¿Miedo a qué?
A parte de la mirada cuando me encontré con sus ojos. No parecían tristes, parecían remotamente asombrados, quizás no, quizás podría preguntarle que pensaba. En esa sucesión de segundos pareció darme la oportunidad de apagar el tiempo y pensar en varias cosas, en contemplar  sus ojos enormes como si hubiese sido un tiempo más largo. Recordé, que cada vez que sonreía en los últimos años, se le hacían pequeñas bolsitas bajo sus ojos. Recordé que la encontré en un bar con las mismas piernas descubiertas, borracha, llorando y no hice nada. No me vió. Recordé en ese momento de verla que había visto esos ojos llorar por mucho tiempo y no había podido preguntarle si estaba bien. No había podido decirle que sus ojos eran malditamente hermosos y cuando se mojaban, sus pestañas negras sin maquillaje caían más notoriamente. No le había dicho que pensaba en ella cuando volvía a casa, e inconscientemente algunas veces la soñaba de distintas formas, a veces tan ridiculas que me asustaba que alguien pudiera saberlo. E incluso, no le había dicho que odiaba que no pudiera levantar sus ojos hacia mi por más de un nanosegundo y mirara al suelo o a otro lado, pestañeado con esos enormes ojos que me hacía ir ahí y burlarme de ella por cualquier cosa que encontrara para sentir que todo era un secreto mio, de nuevo, una y otra vez.
Había olvidado tantas cosas pero aún capturaba tantas cosas que no sabía que tenía en mí.
Después de una conversación banal donde yo le decía que había pasado por ahí de casualidad después de jugar con mi equipo y había visto una loca acostada y me había acercado pensando que le pasaba algo, me sonrió y habló con más fluidez de la que había recordado jamás en sus labios. Yo seguí bromeando y después me senté. apoyando con pesadez mi bolso sobre sus piernas. Y recostandome cerca. Hablamos un buen rato sobre su vida, los cambios, la mía, las cosas cotidianas. Ella siempre parecía profundizar en la conversación desde una noche cotidiana que le conté que la había visto en un bar a 'pienso que la noche es eso, encuentro en el sentido más lindo de la palabra. No te parece? Encontrarse con uno mismo, que se yo, es buscar algo que no está todos los días.' O algo así, a lo que yo contestaba con una pausa que estaba más loca que antes. Pero la verdad que una sensación en mi pecho me hacía querer volverme y decirle, algo más. 
Y ella me dijo entonces, cuando yo me había quedado mirando el árbol donde estábamos sentados, mientras se estiraba. 'Vos sabias que siempre me habías parecido todo un personaje? Pero tenés algo en tus ojos que me dice que jamás te conocí. Quizás por eso te encuentro en todos lados, para encontrarte.' Y yo la mire por un rato largo, con la mirada más sincera que había logrado. Ella miró al suelo y me dijo que a veces decía cosas estúpidas. Incluso, se paro un momento, estirando sus manos y juntándolas y dijo que yo no le parecía falso pero antes era un estúpido creído que caminaba por ahí como si fuese el rey del mundo y otras cosas más. Tan solo la observe. Parecía hacerle gracia y estar tranquila. Y a mi todo eso me importaba poco, lo que decía de mí.
-Es un momento incómodo que alguien a la que trataste de impresionar durante años te diga todas esas cosas.- Tan solo le dije después, poniendo la sonrisa inclinada al costado más original y deboradora que siempre había hecho. Ella sonrió. Y dijo lo mismo que antes. Que seguía siendo un estúpido creído. Y se tiró al suelo.
-No hagas eso.- Le dije. Y me miró.
-Que cosa?.-
-No te acostéis. No estires las piernas así. No te estires, no me mires, no sonrías. Los hombres tenemos necesidades.- Le dije, queriendo ser el mismo imbécil de siempre. Ella en cambio se levantó.
-En serio creí que había algo detrás del vos que todos conocen, sabes? -Comenzo a agarrar sus libros y a ponerlos en su bolso rápidamente.- vas a seguir intentando mirarme a los ojos de esa forma y que yo caiga como tu objeto. Vas a mirarme de esa forma y pretender que voy a estar abierta para vos en menos de lo que pensás? - Dijo mirándome de una forma que ya me había mirado varias veces antes, con odio.
Y se levantó.  Yo seguía ahí acostado. mirando la situación de un lado a otro, el sol ya había bajado, casi estaba oscureciendo. Vi sus piernas moverse con fuerza por los siguientes arboles, en el mismo orden de ubicación que en el que estaba. De repente me levanté, de golpe agarre mi bolso y me moví hasta donde estaba sin demasiado dramatismo le agarre el brazo diciéndole que no sabía que se iba a enojar por una broma, diciéndole que sólo estaba jugando. Diciéndole que me era una infantil por enojarse de esa forma, que crezca, que no había madurado que solo era apariencia, que sólo había crecido un poco, nada más. Y finalmente, que así era yo que no había nadie más y no iba a cambiar por nadie y por ningún capricho de una persona que apesar de los años a penas conocía. -Esto es una ridiculez.- Le dije y comencé a caminar más rápido que ella. Me sentía, parecía sentirme, mal. Sentir que yo era todo lo que ella decía y más. Una reverenda nada, una apariencia.  Un cuerpo lleno de vacío. Sí.
-Me gustas un poco.- susurró y pare.
Me di vuelta. Nos miramos por un rato largo.
-Me gustabas. Tenía que decírtelo algún día. Decirte ' hey, sabias que cuando íbamos juntos al colegio me gustabas? No sé porque si eras un imbecil' .- Dijo hablando rapidisimo sin respirar quizás. Llevando su mano a su cuello, retomando una sonrisa del todo falsa y nerviosa. Yo me reí. Y ella se rió.
-Vos también.-
-También te gustaba? Que pendejos tímidos que eramos entonces no? Bah, seguimos siendo tímidos pero de una forma distinta. a mi me pasa que con algunas personas...
-Me gustas, ahora me gustas!-
Nos miramos fijo y ella frunció el ceño.-Si me vas a decir que ahora que estoy más linda y bla bla bla, no quiero joder, enserio, ya está. -Hubo un tiempo en que me gustaste, hicieras lo que hicieras yo pensaba en vos y cuando te volví a ver supe que me seguía pasando. Por alguna razón... Causas ese efecto en mí.
-Me encanta.- Me dijo sonriendo mirando el piso. -Me encanta que no digas 'por alguna razón y no otra cosa. Me gusta que no digas que porque estoy cambiada ni por mi peinado ni porque ahora tengo pechos ni por nada más.- se rió. Nos reímos ambos y no supe que hacer.
-¿Eso es lo que estabas esperando que diga? -Dije.
-Esperaba algún día encontrar el verdadero vos, no sabía cuando ni porque creía que lo había. Ni si lo había ni nada. Pero quería creerlo.
Pensé en aquella vez que la miré por primera vez. Era más cachetona y yo más enano. Con su sonrisa tímida evitaba mirarme y yo me creía el rey del mundo porque creía con toda mi alma que a pesar de todo quería mirarme. Y les dije a todos que algún día iba a ser...
-Todo esto está pasando?.-Sonreímos.
Jamás había deseado con tanta intensidad (después de ese lento, eterno, bello momento de mirarnos) el roce de unos labios, los suyos, con los mios. Una y otra vez, comerle los labios como si fuese el fin de los tiempos y tuviera que irme a vivir a otro país al otro día. Lentamente, con fuerza, la besé. Toque sus mejillas rozadas y luego su cintura, timidamente.
Me sentía dichoso y ella me dijo algo que jamás voy a olvidar. 'te espere durante años.' y sonreí entre sus labios. Frente con frente, mirándola. sus ojos junto a los mios, sus pestañas largas y negras apachurradas. La contemple.
Frunciendo el ceño le dije que los tímidos perdíamos momento así. y luego le pregunté cual era su miedo más grande.
-Ahora?- preguntó.
-Si.-
-A que sea un sueño.-Me dijo e hice una arrogante sonrisa, que me mordió en el beso último.
-Antes tenía miedo a todo. Incluso tenía miedo de que devolverte la mirada, miedo que te dieras cuenta que me gustabas. Miedo a no ser lo suficientemente buena para estar a tu altura.-Me reí. Yo no era nadie. NADIE. Y sin embargo ella me parecía lo más alto a llegar desde que había visto su sonrisa tímida.
-Miedo después a que sea verdad las cosas que decían de vos. Tu fama de, ya sabes.- Y la mire. Era verdad. Yo era todo eso.
-Miedo a que en realidad me miraras de esa forma por esa razón... Vos sabes. Esa razón. En fin, esos solo son los miedos relacionados a vos, que me gustaste un poco. Siempre un poco. -Me dijo tomándome el rostro con ternura al ver que me quedaba paralizado sin ningún desdén de defenderme.
-Seas como seas, hagas lo que hagas, quieras lo que quieras.- Me dijo pausadamente. -Si me mentís. Si todo lo que decís es mentira. No me importa. Sólo...- me beso determinada a hacerme temblar de pies a cabeza, tomándome del rostro con fuerza, le seguí el beso, profundo, con fuerza, palpitante.
-Mi miedo más grande en este minuto, por ejemplo...-susurró entre mis labios.- es tenerte miedo y huirte, otra vez, como tantas veces.- su boca delineaba cada palabra. Y sus ojos hacían expresiones tan marcadas, sorpresa, asombro, inquietud. Parecía estar pensando, mirando a un lado, no a mi.
Le bese la mejilla.
-Seguís siendo un poco insegura y no me crees. Pero está bien. -Le bese la frente, rozando sus cienes con ambas manos, con delicadeza firme, como si fuese a romperla. -Mi miedo en este mismo momento no es que no me creas. Ese puede ser un miedo a futuro. ¿No? Ahora en cambio, tengo miedo de dejarte ir, como vos tenés miedo de dejarme ir. Y no puedo creer que este diciéndolo porque nunca, jamás, salen palabras así de mi boca. Creeme o no. En este momento tengo más miedo de perder el tiempo que puedo invertir haciendo esto. -Y la besé, despacio, muy despacio. Y luego la miré. -Y nada más que eso... Nada más que eso.
-Escondes tantos secretos en esos ojos.- Me dijo después de un rato. Nos habíamos acostado en el mismo árbol, con las mismas luces de fondo. No había nadie, sin embargo, solo estábamos tomados de la manos, yo mirándola.
-Soy eso que creías ver en mí?
-Algo así.
-Sos eso que creía ver . -Le dije sin mentir. Me sentía dichoso y libre. Muy libre. -Sos eso que no puedo dejar ir. Sos eso que no quiero dejar de ver yno pude dejar de buscar. ¿Eso no te da miedo?





Escrito en un cuaderno viejo que antes iba conmigo a todos lados. Creì que lo habìa creido. Sueños. Mentiras y unas cuantas verdades y locuras.