sábado, 23 de junio de 2012

Qedate conmigo.

Me dijo que, quería hacer lo que quiera  no importaba  los demás; con tanta potencia, con tanta rabia que le creí que era capaz de escapar lo más lejos posible no importaría si iba solo. Le pregunté que era lo que más quería en el mundo y respondió entonces irse. Irse lejos. 
En lo más profundo de mi alma hice un reproche y tube ganas de gritarle que era un egoísta, pero le dije que estaría bien hacer lo que le parezca. En el aire sentí tanta tensión intocable, tantas ganas de llorar como si fuese un adiós de esos que no volvemos a vernos jamás. Había tantos pretextos en mi cabeza, tantas excusas para decirle que no y lo abrace. 
-No es mi culpa.- dijo en el aire, dejando las palabras fluir con el baho que se formaba. Dejándolas caer en el silencio tenue. Dejándolas morir. Y sus brazos me acurrucaron para no dejar ir ese abrazo que nos marcó todo lo que debíamos sentir.
Debió estar mal pensar en mí, pero quise decirle que no me dejará ahí, sola. Quise decirle que sentía algo más fuerte y que me lastimaba demasiado que se fuera casi, sintiendo que se disculpaba, que escapara y que no fuera por temor a lo que sentía por mí, sino a lo que sentía por el mundo, a lo que le aterraba del mundo. A quedarse parado viendo como todo su mundo se caía y quedarse sentado conmigo mirando, sin contar los minutos.
-No cambiarías de parecer..-Susurré casi espontáneamente concordando con mis pensamientos. Como si fuese un error decirlo, mire abajo, sobre nuestros pies. 
-Nada te haría cambiar lo que sentís.- resolví. Nada me haría cambiar lo que siento quise decir. 
No importa cuan lejos se vaya, nada me hará sentir que me falta algo si no está. Ni arrepentirme de no haberle dicho tantas cosas estúpidas por miedo o por el simple placer de que todo quede perfecto como andaba, refugiandonos en las risas.
Era un completo adiós, de esos que no nos vemos hasta ser viejos y arrugados. 
Él, entre la brisa helada sobre mi rostro deshizo el abrazo y me levantó la mirada en cuanto la bajé. Con esos ojos de miedos se observó y lo observé, temiendo pentañear y que todo se haya ido. Queriendo pestañear y que todo allá sido una mentira.
De esos besos con necesidad nunca sentí hasta esa ves, de esos besos que te parten el alma y intentan rearmar una mezcla de piezas echas trizas. Con sabor a confusión al igual que las manos inquietas y heladas que me rozaban la barbilla para levantarla a su altura. No importaba si faltaban palabras no quería que dijera eso fue todo, me voy. No quería saber más ni pensar más. Solo soltar aire y junto con el unas cuantas lágrimas.