lunes, 16 de abril de 2012

Adolecente incoherente.

Puede que la vida me esté superando. Pienso mientras mi viejo me habla acerca de las clases de ingles, de su vida, de mi vieja cuando era chica, de su sumisa manera de ser y de su adolecencia. 
Me agarra pensando en mi vida y me cuenta la suya. ¿Porque no le puedo contar  yo?
No alcanzo a llegar a la firme confianza con él, creo que con nadie.
Yo, a veces soy. 
A veces, mientras me hablan pienso en todo, todo, absolutamente todas las instancias de la vida como un film: el error, el desociego, el fraganti amor, el miedo. 
Puede que la vida sea sumisa y me arrastre de vez en cuando, una de esas veces, pienso mientras me hablan, está ahí, jugando conmigo.  
Mi viejo, me abraza muy de ves en cuando pero jamás entiende cuando siento que la vida me supera. Me niega ser feliz y me evita superarme.
Sea pequeña, me dice, yo lo hago.
Divago en todo esto, en todo lo que sobra en mis ojos como las lágrimas de esta tarde, como el frio del lado izquierdo, como las ganas de escapar. De esperar y de escapar también; Son esas veces que me siento derrotada y me acurruco más y más, para olvidarlo todo. Tomo un café, me siento y lloro. Me maquillo, me alboroto el cabello y salgo, con los ojos inchados y una casi sonrisa, al infierno de la depresión, quizá  al triste otoño que contradictoriamente me encanta. 
Esos dias semi grises y su luz. Tan violentos como las ganas de volver una noche atrás y decir la verdad. 
Manos heladas y, el olor de la libertad. Cargada me lleva.
No puedo sentir que vuelo aunque no puedo sentir que camine. 
Me equivocó, siento risas, muecas. Se fue el sol y voy sola. 
Me preguntó cuantas veces me abre sentido de esa forma tan cruel. Tan absurda y temperamental. 
Somo tan fragiles. No sabemos pedir perdón por ser, no debemos. 
No debemos usar tantas palabras dificiles para aparentar que sabemos, que superamos. 
Pienso eso y más que eso, preguntó si eso importa.
 Mi viejo tendria que decirme si eso importa. 
Tendria que saber que por ahí, tengo ganas de morirme. Pero cuando se lo dije una vez llorando, se espantó. 
Puede que la vida me esté supendo una mil veces. Y mi viejo, tan importante para mi no le importe, no me crea, y si entienda la derrota pero no las ganas de llorar.
Las personas menos importantes, varias, sienten tan intensamente lo mismo. Lo sentís una vez y no querés saber nada más de eso. No saber nada más de nada. Quizá.
Yo, a veces soy tantas cosas. Y muchas veces tan pocas.  
No me dejo ser, pongo distancia entre dos cuerpos y me siento a mirar un rato. A pensar. 
Quizá de a ratos analice que pasa conmigo, con todos.  Quizá mientras escribo solo pienso en esto y la melancolía de 'volver atrás las cosas'  como cuando tenés problemas o simplemente, no te gusta lo que va. 
Para escribir, me resulta muy seductor mis mil fracasos. 
En esos momentos nisiquiera un café me resulta seductor.